Ayer por la tarde, vi en el horizonte que el cielo esta cubierto por nubarrones grisáceos que amenazaban con desencadenar un fuerte chubasco sobre la ciudad Ante tal inusual expresión de la naturaleza, no pude evitar que de mi surgiera la necesidad imperante de desnudar las calles desiertas que se presentaban frente a mi. Candado y extasiado por la perfecta imperfección de tu arquitectura mestiza, desee detenerme en aquel callejón que une los caminos que inevitablemente me llevan a tu recuerdo fugaz. Parado frete a tu puerta, espere a que cayera las primeras gotas de lluvia sobre mi. Esperare a que recorriera mi rostro y lavara las lagrimas de mis ojos. Poco a como sentí como el frió apagara el fuego que dentro de mi existía. Así tuve valor para abrir los ojos y ver en el horizonte salir la luna que desde hace mucho me atormenta con el recuerdo de tu partida. Al final recobre la cordura, me di la vuelta y deje tras de mi tu recuerdo deslavado y gastado por la lluvia de mis lagrimas... A veces paso de nuevo y me da lastima que con el tiempo mis recuerdos en cenizas se las lleve el viento.

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