Me cautivo tu piel en contrastante con el vestido blanco que traías aquella noche.Te vi llegar de puntitas a mi lado desde alguna mesa escondida en aquel salón frió. Fue tu sonrisa la que me provoco y tu mirada la que me condeno. No solo deseaba bailar eternamente la danza del amor, sino tomarte de la mano en ese instante y escaparnos entre estrelladas fugaces. Fue en un instante que nuestras miradas se encontraron y el deseo tomo mi mente por rehén. En un parpadeo, existía en mi mente solamente una idea; convertirte en verbo, pretérito de placer, deseando que el fuego consumiera nuestro cuerpos a ritmo de vals...
