Creo haberte visto pasar entre un grupo de personas cierto día por la mañana. De entre aquello rostros ajenos que te rodeaban, no pude evitar percatarme de tu silueta delgada, que se deslizaba delicadamente camuflajeada entre personas, como si estas fueran mariposas fantasmas que habitan en un bosque encantado. Algo me intrigo de toda esa visión, mientras estaba sentado a orilla del desfiladero contemplando la infinidad de los pensamientos que caen al precipicio del olvido. No pude quitar la mirada de aquel rostro acentuado por el rojo carmín de tu vestir. Poco a poco pude ver como todo a mí alrededor se tornaba gris y de entre matices oscuros solo resaltaba la estela rojo que dejaba tu lento andar. Entre sombras te vi recorrer el camino de los inútiles que lleva a una cabaña minúscula en medio del bosque. Sorprendido por la delicadeza, la suavidad y la pura de tu piel blanca como la nieve de invierno. Tu rostro enmarcado por dos pares de cejas que fuerza a la mirada y acompañado por un par de ojos miel que roban suspiros con solo mirarlos. No pude evitar perder mi cordura en un laberinto de intriga, misterio y deseo. Llevado por un instinto animal, tome el camino de los alfileres para llegar primero, abrir la puerta y esperar silenciosamente en la oscuridad tu llegada. Tras varios minutos quieto, recobre la cordura en mi y salí huyendo de aquel lugar. No sin pensar que había pasado, corría entre la seca estepa del arrepentimiento y solo podía pensar en el sabor cálido de la sangre fresca brotando de tu cuerpo inerte yaciente entre mis afilados dientes .sábado, 19 de julio de 2008
El ROjo De Tu CApa ENtre La FRia NiEVe BlAnCa Del DeSEo...
Creo haberte visto pasar entre un grupo de personas cierto día por la mañana. De entre aquello rostros ajenos que te rodeaban, no pude evitar percatarme de tu silueta delgada, que se deslizaba delicadamente camuflajeada entre personas, como si estas fueran mariposas fantasmas que habitan en un bosque encantado. Algo me intrigo de toda esa visión, mientras estaba sentado a orilla del desfiladero contemplando la infinidad de los pensamientos que caen al precipicio del olvido. No pude quitar la mirada de aquel rostro acentuado por el rojo carmín de tu vestir. Poco a poco pude ver como todo a mí alrededor se tornaba gris y de entre matices oscuros solo resaltaba la estela rojo que dejaba tu lento andar. Entre sombras te vi recorrer el camino de los inútiles que lleva a una cabaña minúscula en medio del bosque. Sorprendido por la delicadeza, la suavidad y la pura de tu piel blanca como la nieve de invierno. Tu rostro enmarcado por dos pares de cejas que fuerza a la mirada y acompañado por un par de ojos miel que roban suspiros con solo mirarlos. No pude evitar perder mi cordura en un laberinto de intriga, misterio y deseo. Llevado por un instinto animal, tome el camino de los alfileres para llegar primero, abrir la puerta y esperar silenciosamente en la oscuridad tu llegada. Tras varios minutos quieto, recobre la cordura en mi y salí huyendo de aquel lugar. No sin pensar que había pasado, corría entre la seca estepa del arrepentimiento y solo podía pensar en el sabor cálido de la sangre fresca brotando de tu cuerpo inerte yaciente entre mis afilados dientes .
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