Existe una guerra entre tu y yo, donde la diplomacia a perdido todo valor conciliatorio, donde la esperanza a dado su ultimo suspiro antes de morir desconsolada.
Existe un conflicto entre nosotros, donde los perpetradores fueron el ego y el miedo, donde las armas de destrucción masiva fueron mi soberbia y tu indiferencia.
En medio de este holocausto personal, secuestramos al corazón, torturamos a la razón y corrompimos el alma, siendo las únicas victimas el brillo en tus ojos, el fuego en tus labios y la felicidad que radicaba en tus sueños.
Al final, ya no importa si te declaro vencedora, ya de nada sirve cualquier intento de amnistía internacional por refugiarme. Cualquier tregua no duraría ni un minuto, pues muy en el fondo no es un conflicto de incompatibilidad de razas, religión, estatus social, creencias o costumbres, es que mas bien; que nunca fuiste mía...

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