Un día que no recuerdo bien, en un año que tampoco me acuerdo, vagaba yo por las intrincadas calles de unas de las ciudades mas exquisitas del mundo: su nombre es Tokio. Yo algo cansado de tanto caminar sin un rumbo especial, pare súbitamente mi andar de pies al divisar un anuncio muy peculiar. La verdad es que no entendí los kanjis, algo complejos para mi insipiente Japones. Pero eso despertó en mi la curiosidad de saber mas de aquel lugar. Pase por una puerta semi-abierta y entre en un pequeña casa de té o eso creí cuando entre una estela de incienso vi unas mesas algo viejas pero tradicionales de dichos establecimientos. El lugar era algo humilde, tome asiento o como es tradición me senté en el suelo. Con calma mire alrededor en busca del mesero pero nunca lo encontré. Después de estar un rato escudriñando el lugar con la mirada, de entre las sombras del extremo de la sala apareció una señora con un vestido algo viejo. Inmediatamente me saludo y apenas puede entender lo que me decía. Al verla directamente a los ojos mientras se acercaba a mi creo que entendió en la forma que la veía que yo no era de por aquí y mucho menos comprendía nada de lo que ella con esfuerzo me decía. Con una vos suave y quebrada ella empezó a hablarme en Ingles. Me sorprendió mucho la fluidez de su hablar, normalmente los Japoneses tiene fama de hablar un mal ingles. Se sentó a mi lado y sin percatarme pues me encontraba en un estado de asombro, me tomo la mano derecha y tras observarla unos minutos me comento si quería escuchar una pequeña historia. Sin poder articular ni una sola palabra lo único que puede fue mover la cabeza en movimiento afirmativo. Tras pararse y tomar una vieja jarra de té de porcelana que parecía a ver estado esperándome, ella empezó a contarme una historia. No recuerdo bien los detalles a fondo, ni muchos menos el año o la época, lo que si recuerdo fue que era hace mucho tiempo cuando el hombre occidental aun no llegaba a estas tierras. En Japón existía la creencia, aunque cada vez mas un mito, que cada persona estaba conectada con su verdadero amor a través del hilo rojo del destino. Dicho hilo del destino, indivisible al ojo humano, que estaba atado al dedo menique, el cual casualmente es la terminación de una vena que viene directamente del corazón. Hace muchos años existió un joven príncipe que habido de saber quien seria su futura esposa, hizo llamar a una bruja que decían podría ver el hilo que conecta a cada personal. La bruja tomo entre sus dedos el hilo y lo siguió por casi todo el reino hasta llegar a una provincia algo alejada y marginada por la pobreza. Adentrada en un mercado, la bruja por encontró el final del hilo, pero lo que encontró no fue nada grato para el joven rey. La bruja tomo en sus brazos a una pequeña bebe y se la entrego en brazos al príncipe, el cual la tomo y incrédulo de lo que sus ojos veía dejo caer a la pobre pequeña al suelo para luego irse enojado del lugar. Los años pasaron y llego el momento de que el príncipe se convirtiera en rey y así tomara por esposa a una joven mujer hija de un respetable comandante de sus fuerzas amadas. El día de la ceremonia llego y al ver por primera vez el rostro de su joven espesa se percato que ella tenia una cicatriz en la frente. Pasmado quedo al percatarse que era aquella niña que años atrás la bruja había dicho que estaban conectados por el hilo rojo del destino. jueves, 26 de junio de 2014
LA CASITA DE TÉ
Un día que no recuerdo bien, en un año que tampoco me acuerdo, vagaba yo por las intrincadas calles de unas de las ciudades mas exquisitas del mundo: su nombre es Tokio. Yo algo cansado de tanto caminar sin un rumbo especial, pare súbitamente mi andar de pies al divisar un anuncio muy peculiar. La verdad es que no entendí los kanjis, algo complejos para mi insipiente Japones. Pero eso despertó en mi la curiosidad de saber mas de aquel lugar. Pase por una puerta semi-abierta y entre en un pequeña casa de té o eso creí cuando entre una estela de incienso vi unas mesas algo viejas pero tradicionales de dichos establecimientos. El lugar era algo humilde, tome asiento o como es tradición me senté en el suelo. Con calma mire alrededor en busca del mesero pero nunca lo encontré. Después de estar un rato escudriñando el lugar con la mirada, de entre las sombras del extremo de la sala apareció una señora con un vestido algo viejo. Inmediatamente me saludo y apenas puede entender lo que me decía. Al verla directamente a los ojos mientras se acercaba a mi creo que entendió en la forma que la veía que yo no era de por aquí y mucho menos comprendía nada de lo que ella con esfuerzo me decía. Con una vos suave y quebrada ella empezó a hablarme en Ingles. Me sorprendió mucho la fluidez de su hablar, normalmente los Japoneses tiene fama de hablar un mal ingles. Se sentó a mi lado y sin percatarme pues me encontraba en un estado de asombro, me tomo la mano derecha y tras observarla unos minutos me comento si quería escuchar una pequeña historia. Sin poder articular ni una sola palabra lo único que puede fue mover la cabeza en movimiento afirmativo. Tras pararse y tomar una vieja jarra de té de porcelana que parecía a ver estado esperándome, ella empezó a contarme una historia. No recuerdo bien los detalles a fondo, ni muchos menos el año o la época, lo que si recuerdo fue que era hace mucho tiempo cuando el hombre occidental aun no llegaba a estas tierras. En Japón existía la creencia, aunque cada vez mas un mito, que cada persona estaba conectada con su verdadero amor a través del hilo rojo del destino. Dicho hilo del destino, indivisible al ojo humano, que estaba atado al dedo menique, el cual casualmente es la terminación de una vena que viene directamente del corazón. Hace muchos años existió un joven príncipe que habido de saber quien seria su futura esposa, hizo llamar a una bruja que decían podría ver el hilo que conecta a cada personal. La bruja tomo entre sus dedos el hilo y lo siguió por casi todo el reino hasta llegar a una provincia algo alejada y marginada por la pobreza. Adentrada en un mercado, la bruja por encontró el final del hilo, pero lo que encontró no fue nada grato para el joven rey. La bruja tomo en sus brazos a una pequeña bebe y se la entrego en brazos al príncipe, el cual la tomo y incrédulo de lo que sus ojos veía dejo caer a la pobre pequeña al suelo para luego irse enojado del lugar. Los años pasaron y llego el momento de que el príncipe se convirtiera en rey y así tomara por esposa a una joven mujer hija de un respetable comandante de sus fuerzas amadas. El día de la ceremonia llego y al ver por primera vez el rostro de su joven espesa se percato que ella tenia una cicatriz en la frente. Pasmado quedo al percatarse que era aquella niña que años atrás la bruja había dicho que estaban conectados por el hilo rojo del destino.
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