El Churrinche o pájaro corazón rojo, es un ave migratoria perteneciente a la familia Tyrannidea. Esta ave la podemos encontrar desde la misma Argentina, Chile, Colombia, hasta México, Estados Unidos y Canadá.
Existen leyendas que hablan del origen místico de esta tan inusual ave. A mi me gusta un relato tehuelche, el cual narra la historia del indio Ulian que al tratar de convencer al Churrinche gris de que este era bello por tan solo ser una criatura viviente. Tras intentarlo una y otra vez, el indo fue raptado por un gran ogro que le tenia envidia y le encerró en una cueva, pero fue la valentía del Churrinche que ayudo a que fuera liberado de las garras del malvado ogro. Para fortuna del Churrinche, este acto de valentia le costo que el ogro le clavara una espina en su pecho y por la cual broto la sangre manchando su cuerpo, pero fue el indio Ulian que lo salvo tras curarlo de una inevitable muerte. Así fue como obtuvo el Churrinche el color rojo de su pecho.
La primera vez que aviste al corazón rojo fue un día caminando por la campiña, me llamo la atención su peculiar serenidad con la que posaba en una de las ramas lejanas de la copa de un pino. Nunca creído en las casualidades pero esa no fue la ultima vez que nos vimos, siempre aparecía de la nada parada en un poste, en un cable de luz o en un árbol seco y así como así desaparecía misteriosamente.
La intriga empezó a crear cierto culto al misterio que rodeaba sus misteriosas apariciones. Lo mas interesante de todo es que estoy casi seguro que a pesar de estar acompañado de alguien, era yo el único que me percataba de tu presencia. No era solo en un solo lugar, sino mas bien aparecías en diferentes estaciones y no digamos hasta parajes distantes.
No puedo olvidar tu fisonomía, en mi mente esta grabada como una fotografía. Recuerdo bien tu pecho pequeño rojo como la sangre, tus alas costas negras como la noche mas oscura y una cabeza redonda con un par de ojos curiosos.
Un día nublado de verano, mientras paseaba por un prado verde resultado de la temporada de lluvia. Observando el cielo no pude evitar sentir que algo golpeo repentinamente mi espalda. Me di vuelta rápidamente y te vi en el suelo revolotear tratando de huir de algo. Te tome en mis manos y pude sentir como tu corazón latía rápidamente. Lo primero que pensé es que estabas herida y te lleve rápidamente a mi casa.
En el camino me percate que un ave negra seguía en las alturas detenidamente mis pasos. Una vez en casa te guarde en una caja de zapatos y salí a buscar una jaula viaja que guardaba mi abuela desde hace varios años. Tras inspeccionarte y ver que no esta estaba en peligro tu vida, te puse dentro de la jaula junto a un pequeño nido que hice con alguna ropa vieja.
Puse agua cada mañana, llene un tapa de plástico con alpiste y lo pude cerca de ti para que pudieras comer. Día tras día, parecías estar mejorando y te notaba mas a gusto con mi presencia. No fue si no hasta la semana que te escuche cantar por primera vez y fue especial. Aunque te veía inquieta en la jaula, poco a poco emprendías pequeños vuelos de lado a lado.
Las semanas pasaron y cada día me despertabas con un dulce canto. Mientras el sol avanzaba por la mañana, te cambiaba el agua y ponía comida nueva en tu platito. Había veces que cortaba una manzana como lo hacia mi tía, quitándote toda la cascara y te daba la mitad, mientras sentado en el balcón disfrutaba del sereno de la noche.
Nunca me dí cuenta hasta hoy, pero un día dejaste de cantar. Ya no volabas de extremo a extremo. Lo único que hacías era permanecer metida en tu pequeño nido día y noche.Varias veces te lleve a un veterinario pensando lo peor, pero no fue hasta que un buen día me tope con una dulce señora que me contó que esas aves eran migratorias, que parte de su ciclo natural era migrar al sur durante el invierno.
Al regresar a casa no pude evitar que me apretara el pecho. Esa misma noche no pude dormir. Al otro día me levante con la angustia de dejarte ir libre y no volverte a ver. Ese mismo día me fui a trabajar echo un desastre. De vuelta a casa con la misma angustia, no pude evitar ver horrorizado que en la jaula ya no estabas mas, pues en mi descuido deje abierta la puesta de la jaula y así escapaste.
La tristeza inundo mi corazón, la sola idea de perderte y no volver a verte mi volvía loco. Todas los noches dejaba la puerta abierta esperando regreso. Mis noches nunca fueron tan frías y mis mañanas tan insípidas.
Así vino el invierno, llego la primavera y el verano. No pude evitar ir por las tardes después del trabajo al lugar donde te encontré esperando volver a verte. Pero así pasaron nuevamente las estaciones y los años.
Un día me pareció verte parada en una rama de un árbol, pero muchas veces fui presa de mi nostalgia por volver a verte. Ese día llore lagrimas rojas en mi almohada.
Hoy todavía te recuerdo con tristeza, pero como dicen; deja ir al amor y si regresa, es que fue tuyo. Aun sigo esperando tu regreso...





