viernes, 31 de agosto de 2012

el ave de pecho rojo y alas negras...

El Churrinche o pájaro corazón rojo, es un ave migratoria perteneciente a la familia Tyrannidea. Esta ave la podemos encontrar desde la misma Argentina, Chile, Colombia, hasta México, Estados Unidos y Canadá.

Existen leyendas que hablan del origen místico de esta tan inusual ave. A mi me gusta un relato tehuelche, el cual narra la historia del indio Ulian que al tratar de convencer al Churrinche gris de que este era bello por tan solo ser una criatura viviente. Tras intentarlo una y otra vez, el indo fue raptado por un gran ogro que le tenia envidia y le encerró en una cueva, pero fue la valentía del Churrinche que ayudo a que fuera liberado de las garras del malvado ogro. Para fortuna del Churrinche, este acto de valentia le costo que el ogro le clavara una espina en su pecho y por la cual broto la sangre manchando su cuerpo, pero fue el indio Ulian que lo salvo tras curarlo de una inevitable muerte. Así fue como obtuvo el Churrinche el color rojo de su pecho.

La primera vez que aviste al corazón rojo fue un día caminando por la campiña, me llamo la atención su peculiar serenidad con la que posaba en una de las ramas lejanas de la copa de un pino. Nunca creído en las casualidades pero esa no fue la ultima vez que nos vimos, siempre aparecía de la nada parada en un poste, en un cable de luz o en un árbol seco y así como así desaparecía misteriosamente.

La intriga empezó a crear cierto culto al misterio que rodeaba sus misteriosas apariciones. Lo mas interesante de todo es que estoy casi seguro que a pesar de estar acompañado de alguien, era yo el único que me percataba de tu presencia. No era solo en un solo lugar, sino mas bien aparecías en diferentes estaciones y no digamos hasta parajes distantes. 

No puedo olvidar tu fisonomía, en mi mente esta grabada como una fotografía. Recuerdo bien tu pecho pequeño rojo como la sangre, tus alas costas negras como la noche mas oscura y  una cabeza redonda con un par de ojos curiosos.

Un día nublado de verano, mientras paseaba por un prado verde resultado de la temporada de lluvia. Observando el cielo no pude evitar sentir que algo golpeo repentinamente mi espalda. Me di vuelta rápidamente y te vi en el suelo revolotear tratando de huir de algo. Te tome en mis manos y pude sentir como tu corazón latía rápidamente. Lo primero que pensé es que estabas herida y te lleve rápidamente a mi casa.

En el camino me percate que un ave negra seguía en las alturas detenidamente mis pasos. Una vez en casa te  guarde en una caja de zapatos y salí a buscar una jaula viaja que guardaba mi abuela desde hace varios años. Tras inspeccionarte y ver que no esta estaba en peligro tu vida, te puse dentro de la jaula junto a un pequeño nido que hice con alguna ropa vieja.

Puse agua cada mañana, llene un tapa de plástico con alpiste y lo pude cerca de ti para que pudieras comer. Día tras día, parecías estar mejorando y te notaba mas a gusto con mi presencia. No fue si no hasta la semana que te escuche cantar por primera vez y fue especial. Aunque te veía inquieta en la jaula, poco a poco emprendías pequeños vuelos de lado a lado.

Las semanas pasaron y cada día me despertabas con un dulce canto. Mientras el sol avanzaba por la mañana, te cambiaba el agua y ponía comida nueva en tu platito. Había veces que cortaba una manzana como lo hacia mi tía, quitándote toda la cascara y te daba la mitad, mientras sentado en el balcón disfrutaba del sereno de la noche.

Nunca me dí cuenta hasta hoy, pero un día dejaste de cantar. Ya no volabas de extremo a extremo. Lo único que hacías era permanecer metida en tu pequeño nido día y noche.Varias veces te lleve a un veterinario pensando lo peor, pero no fue hasta que un buen día me tope con una dulce señora que me contó que esas aves eran migratorias, que parte de su ciclo natural era migrar al sur durante el invierno.

Al regresar a casa no pude evitar que me apretara el pecho. Esa misma noche no pude dormir. Al otro día me levante con la angustia de dejarte ir libre y no volverte a ver. Ese mismo día me fui a trabajar echo un desastre. De vuelta a casa con la misma angustia, no pude evitar ver horrorizado que en la jaula ya no estabas mas, pues en mi descuido deje abierta la puesta de la jaula y así escapaste.

La tristeza inundo mi corazón, la sola idea de perderte y no volver a verte mi volvía loco. Todas los noches dejaba la puerta abierta esperando regreso. Mis noches nunca fueron tan frías y mis mañanas tan insípidas.

 Así vino el invierno, llego la primavera y el verano. No pude evitar ir por las tardes después del trabajo al lugar donde te encontré esperando volver a verte. Pero así pasaron nuevamente las estaciones y los años.

Un día me pareció verte parada en una rama de un árbol, pero muchas veces fui presa de mi nostalgia por volver a verte. Ese día llore lagrimas rojas en mi almohada.

Hoy todavía te recuerdo con tristeza, pero como dicen; deja ir al amor y si regresa, es que fue tuyo. Aun sigo esperando tu regreso...

jueves, 30 de agosto de 2012

el Holocausto de un Amor...

Existe una guerra entre tu y yo, donde la diplomacia a perdido todo valor conciliatorio, donde la esperanza a dado su ultimo suspiro antes de morir desconsolada.

Existe un conflicto entre nosotros, donde los perpetradores fueron el ego y el miedo, donde las armas de destrucción masiva fueron mi soberbia y tu indiferencia.

En medio de este holocausto personal, secuestramos al corazón, torturamos a la razón y corrompimos el alma, siendo las únicas victimas el brillo en tus ojos, el fuego en tus labios y la felicidad que radicaba en tus sueños.

Al final, ya no importa si te declaro vencedora, ya de nada sirve cualquier intento de amnistía internacional por refugiarme. Cualquier tregua no duraría ni un minuto, pues muy en el fondo no es un conflicto de incompatibilidad de razas, religión, estatus social, creencias o costumbres, es que mas bien; que nunca fuiste mía...

el Cinturón de Orión

La verdad nunca he sido muy atento y menos de pequeño. Pero a pesar de mi falta de atención a los detalles, siempre tenido cierto interés por pequeños detalles que a la larga se han vuelto parte de mis recuerdos.

Mi fascinación por estos eventos constantes y repetitivos me han llevado a tener cierto culto a ellos. En este caso y muy particular esta la constelación de Oríón o mas especifico las tres estrellas que forma su cinturón.

No recuerdo bien cuando fue que me percate por primera vez de su existencia, tal vez alguna noche de verano cuando pasaba las horas mirando el cielo de la noche o algún instante mientras esperaba el autobús que me llevaría vuelta a casa.

A pesar de todo, esta constelación es para mi uno de los recuerdo que atesoro con gran aprecio. No se si sea porque la he visto de cabeza, horizontal o vertical. La he gozado en tardes lluviosas, en un amanecer frío o en una calurosa noche de verano. La he admirado reflejada en ríos, lagos, mares y miradas. La he contemplado de cerca en la oscuridad penetrante en las montañas o visiblemente lejana en un cielo rojizo de alguna metrópolis moderna. La he saludado fugazmente mientras se queda atrás durante un viaje en tren o  firme en el cielo me ha acompañado en una banca cubierta de nieve. Al final, sin pretexto alguno, me ha acompañado en las buenas y en las malas.

Sin embargo, no se mucho de ellas, pero existen varias tradiciones que describen el origen y vida de este ser mitológico. Su origen se remonta a la antigua Grecia. La creencia mas aceptada de su origen se atribuye a Zeus, Poseidon y Hermes, siendo este su bastago. Pero a pesar de tener o no un origen divino, su vida es la que mas me a llamado la atención.

Cuenta la historia que Orión era un cazador y cayo enamorado de Artemisa, la cual era hermana gemelo de Apolo. Para no hacer la historia larga, Apolo tuvo celos del amor que sentía su bella hermana por aquel cazador. Haciendo uso de su astucia, Apolo reto a su hermana a clavar la flecha en el primer animal que viera a lo lejos y efectivamente Artemisa así lo hizo. Sintiéndose victoriosa fue a verificar su puntería, pero para su desdicha encontró con tristeza que había acertado en el corazón y quitado la vida a su amado Orión. 

Es triste esta historia, pero a pesar de que fue inventada o no por el hombre hace miles de años, sigue teniendo vigencia en las miles de historias de amor de la actualidad. Creo que al final solo queda aprender de Artemisa, tratar de no ser engañada por el propio ego y evitar así dar muerte al amor que sentimos por alguien...

Y con la lluvia vino el viento que se llevo las cenizas del recuerdo...

Ayer por la tarde, vi en el horizonte que el cielo esta cubierto por nubarrones grisáceos que amenazaban con desencadenar un fuerte chubasco sobre la ciudad Ante tal inusual expresión de la naturaleza, no pude evitar que de mi surgiera la necesidad imperante de desnudar las calles desiertas que se presentaban frente a mi. Candado y extasiado por la perfecta imperfección de tu arquitectura mestiza, desee detenerme en aquel callejón que une los caminos que inevitablemente me llevan a tu recuerdo fugaz. Parado frete a tu puerta, espere a que cayera las primeras gotas de lluvia sobre mi. Esperare a que recorriera mi rostro y lavara las lagrimas de mis ojos. Poco a como sentí como el frió apagara el fuego que dentro de mi existía. Así tuve valor para abrir los ojos y ver en el horizonte salir la luna que desde hace mucho me atormenta con el recuerdo de tu partida. Al final recobre la cordura, me di la vuelta y deje tras de mi tu recuerdo deslavado y gastado por la lluvia de mis lagrimas... A veces paso de nuevo y me da lastima que con el tiempo mis recuerdos en cenizas se las lleve el viento.

sábado, 25 de agosto de 2012

De camino a casa...

Hoy me levante con la angustia y premura de no llegar puntual a nuestro encuentro. Dejo a un lado lo dulces sueños y recuerdo en mi almohada para cuando regrese. Tomo del primer cajón un atuendo modesto y me preparo para tomar la calle por asalto. Antes de salir me tomo un tintico y me despido dulcemente de Cleopatra.

Una vez por tus largas calles, me percato por primera vez lo robustas y anchas que son, no puedo evitar sentir mi corazón latir pues mientras mas las recorro, mas me enloquece la simetría y perfección con que fueron hechas. 

Paro por un momento para tomar una fresca bocanada de aire, alzo la mirada y diviso a lo lejos las callejuelas que llevan a tu casa. Paso de largo y llego hasta una explanada, donde me detengo un momento a contemplar la dulce vista y tomo un sorbo del agua de aquella fuente que adorna con delicadeza la sobriedad de tus palacios. 

Después de saciar mi sed, recobro la fuerza y continuo mi andar de pies. A lo lejos diviso tus dos hermosas montañas y las veredas que llevan a la cima. Después de perderme un y otra vez por tu campiña, llego a la cima para contemplar la hermosa vista del valle que se fusiona perfectamente con el cielo oscuro de la noche, donde iluminan a mi corazón un par de estrellas fugaces que me miran dulcemente desde las alturas.

Pasando la cima existe un árbol blanco, con un tronco firme y delicado de donde nacen los frutos mas exquisitos que allá probado. Tomo con la mano el único que encuentro, me percato lo maduro que es, lo acaricio con mis dedos una y otra vez. Lo muerdo y bebo de él, su suave néctar sabor a miel.

Me percato que a iniciado la lluvia, tomo rápidamente un atajo para descender por tus firmes montañas. Paso nuevamente por tu explanada y tomo las callejuelas que me llevan a la puerta de tu casa que esta custodiado por aquel jardín hermosa de rosas negras. 

Suspiro para contener el dulce aroma que me embriaga mis mas dulces recuerdo. Toco dulcemente el timbre  varias veces antes de traspasar suavemente por la puerta. Al final del corredor que conduce a tu recamara, te encuentras tú, esperándome con los brazos abiertos y yo caigo desfallecido todo mojado en tu cama blanca.

Después de rodearme con tus cálido cuerpo, recorro con mi dedos mi cabello para descubrir tu oído y susurro delicadamente tu nombre antes de desvanecerme por el cansancio y dormir eternamente...