viernes, 30 de noviembre de 2012

el Orinonauta...


Estoy soñando tu rostro, acentuado por un par de labios carmín y sabor cianuro, observo tu nariz chata y me percato de la intensidad con que me miran ese par de ojos miel y siento como si fueran mil espinas de rosas que se clavan lentamente una a una en mi corazón.

Estoy soñando tus senos, como un par de limones adornan tu pecho, los cuales me invitan a jugar con ellos como cuando era un crío.

Estoy soñando tus piernas, fuertes y torneadas, que nacen de tus glúteos firmes donde me gusta tomarte cuando hacemos el amor.

Estoy soñando tus brazos, largos y delgados, como inician en tus hombros y terminar en tus manos que disfrutan tanto de recorrer la orografía de mi cuerpo, noche tras noche.

Estoy soñando tus manos tibias, delicadas pero ásperas por las horas y horas que dedicas a las labores domesticas de un hogar del cual no soy un extraño y en el cual compartes tu cama como otro hombre, alguien que ya no amas.

Estoy soñando como aprietan tus caderas, como fluye el fuego de tu amor por mis entrañas, como mi corazón retumba en mi pecho para luego en un suspiro caer rendido a tu lado.

Estoy soñando como tu piel suave y blanca como la nieve se vuelve mi cobijo en mis noches frías, para luego dormir levemente sino antes escuchar en mi oído tu dulce vos diciéndome; te amo....

jueves, 15 de noviembre de 2012

la Carta en Blanco...


12 de Mayo de 1546

Desde hace ya varios años ininterrumpidos, escribo continuamente en mi diario. Normalmente son entradas a capricho, tanto noches tristes como días soleados, donde el impulso de la necesidad impetuosa de plasmar mis ideas en papel, recorren desde mi mente, pasando por mi cuerpo hasta las manos que graban con tinta negra el papel que yace sobre mi escritorio, ubicado en un rincón de mi pequeña habitación.

20 de Septiembre de 1547

Ya son varios años desde que no he recibido respuesta a ninguna carta que te he enviado. Se que muchas de ellas están escritas en varias personalidades y encriptadas de mensajes ocultos. Muchas de ellas muestran las diferentes facetas por las que he pasado a lo largo de mi vida; resignación, ira, tristeza, melancolía, pero a pesar de todo a un existe la esperanza de que algún día el cartero me entregue tu tan ansiada respuesta.

30 de Abril de 1549

Hoy decidí hacer algo diferente. Después de percatarme que mis tantas cartas hablaban de mi sentir por ti, de los reproches que hacia a tu silencio sepulcral, de tu indiferencia hacia mi dolor y de tu desprecio hacia el amor que te he ofrecido mas de mil veces.

Lo que hice fue tomar una hoja de papel en blanco, la doble y la metí en un sobre. Espere que entendieras que ya no tenia mas que escribirte, ya no existía mas reproche y sobre todo ya no deseaba que la respondieras. La firme como siempre y la deposite en la oficina de correos. Cuando regrese a casa, mi corazón apretaba mi pecho y caí rendido a los encantos de mi cama.

Viniste a mi en sueños. Te tome del rostro y contemple largamente tus ojos. Sentí como el tiempo se congelaba y bese sus labios. Poco a poco pude sentir como iba acabando el sueño, como todo a mi alrededor de derrumbaba, como aquel lugar mágico se lo llevaba el viento. En eso vino una ola que se alejo de mi, te tome de la mano, pero no fue suficiente y antes de irte pude ver que me decías algo con tus labios pero no había sonido. Trate de entender pero en ese instante desperté.

10 de Diciembre de 1564

El día de hoy es mi cumpleaños 29. La familia a crecido y se prepara para darme una fiesta sorpresa para celebrar ya mis casi 30 años. Antes de salir a la calle para hacer mi usual recorrido matutino, me tope en la puerta una carta y por un momento mi corazón se detuvo. La recogí con dificultad pues mi mano temblaba y la contemple largo tiempo.

Después de estar sentado a la orilla de la ventana, suspire, cogí la carta y la tire al fuego de la hoguera que la consumió lentamente. Suspire por ultima vez y salí de casa. Con mi andar lento, lo único que podía sentir era la levedad de mi cuerpo y sonriendo entendí que no ya no había mas que escribir, que ya no había mas que explicar, que ya no había mas que entender.

Con las lagrimas en mi rostro tome las cenizas y las sembré en mi huerto. Después de tanto años siempre desee que escribieras en la hoja blanca todo lo que querías decirme y nunca pudiste. Al final lo que hice fue dejar que tu recuerdo se convirtiera en una flor para poder admirarla diario desde mi ventana.

martes, 13 de noviembre de 2012

el Naufragio...


Con el frío viento de Febrero, mi nave llego a tierra por primera vez desde hace ya un lago y agotador viaje. Maravillado entonces  quede al ver como ante mis ojos crecían los detalles sutiles de tu fisonomía que se desvestía a cada ola que me empujaba hacia ti. 

Eran tus colmados y tupidos bosques que cubrían tus tierras. La arena color nácar de tu piel al descubierto que se baña con el cálido mar de antillano que te rodea. Al ver tan imponente belleza, no pude hacer más que saltar de la borda y mientras mis lágrimas se bañaban en el mar, nade tan lentamente que el solo empuje de las olas fue el que me llevo poco a poco hacia tus playas. 

Embriagado por el mar que no quería que lo dejara, me erguí para salir del mal azul turquesa que con su oleaje hipnótico me decía que volviera. Lo único que me ayudo a salir fue la intriga y curiosidad que me causo tu aparecer de entre kilómetros y kilómetros de mar en mi horizonte. 

No me importaron las noches que pase escuchando historias de marineros que contaban acerca de estas islas, donde habitan hombres de piel de bronce. No hice caso a las avisos de miles de navieros que advertían de los peligros de dichas islas, de los hombres que habitan en ellas y sobre todo de las costumbres que para muchos parecen barbarás ante la modernidad de los ojos de muchas sociedades de occidente. 

Mucho escuche hablar de sus rituales y misterioso vivir, pero eso no escarmentó a mi corazón para anhelar llegar al momento donde me encuentro.

A paso titubeante y con la resaca del mar, caí desplomado ante tus playas desiertas para desear morir en ellas...