El corazón del hombre es un complejo órgano que se encuentra posicionado entre la delgada linea que divide la vida y la muerte, cumpliendo una función natural determinada. Pero a pesar de cumplir a cabalidad con dicho propósito, también es poseedor de connotaciones y muchos significados que definen un sentimiento ampliamente valorado por la sociedad.
Aunque no es mi intención abundar sobre las percepciones colectivas que definen como sociedad al ser humano. Mas bien existe una gran diferencia entre la dialéctica y el pragmatismo pos-moderno que vivimos hoy en día.
Básicamente la diferencia radica entre idealismo y ejecución. En mi experiencia y me refiero predominantemente a sociedades latinas, el ideal o paradigma del corazón radica en una invención poco convencional salida de un cuento monstruoso de Disney. Me refiero monstruoso a una conceptualización del corazón de una forma tan poco operante en un mundo cada vez mas egoísta, material, globalizado y libertino para la mujer.
Tragando saliva a causa del horror de pensar en la nefasta idea de una mujer mojigata, abnegada y poca carente de cojones para enfrentar la adversidad y salir adelante por cuenta propia. Encontramos al hombre ante un paradigma predefinido.
El hombre en la sociedad cumple el rol que hasta hace unos siglos le funcionaba a todos. Pero hoy en día, no podemos pensar mas que ese paradigma no ha de expirar.
Cuantas veces no me he encontrado con mujeres que hablan a ver sido victimas de hombres ligeros y egoístas. Otras tantas veces me topado con hombres que confiesan con dolor haber sido presas de una mujer sin escrupulosos y doble moral.
Hoy en día no podemos evitar ver que nadie regala su corazón o amor. Somos tan ingenuos (por no decir tontos o crédulos como la mente de un niño) al pesar que el amor se da sin recibir nada a cambio. Nadie da nada sin esperar por lo menos un par de monedas. Entonces vivimos una dicotomia infame.
Después de todo, solo nos queda preguntarnos: ¿Cual es la verdadera esencia del corazón del hombre?
Es claro que el hombre vive en una lucha constante entre su ego (o lo que desea) y lo que desean de el. Esta lucha sin cuartel o tregua, a tomado como rehén al corazón del hombre y lo ha colocado en una jaula de oro, cuartandole su libertad y belleza de llenar al mundo de dicha y amor.
Si hiciéramos una introspección, encontraríamos que existe una clara diferencia entre el corazón del hombre y el de la mujer. El de la mujer busca, pues así fue educado, a encontrar dentro de un hombre todo lo que espera de un hombre. Honestidad, belleza, bondad, buen escucha, sincero, tierno, detallista y miles de variables que pudieran hacer de esta lista infinita.
En cambio el hombre en vez de buscar una sola cosa en una mujer, forma un collage de miles de recuerdos, sensaciones, experiencias, errores, aciertos, placeres y momentos que va recolectando a través de su experiencia. Este bosquejo burdo y carente de estética, con tintes amorfos, no busca llegara a tener una forma definida, pues con el tiempo seguirá cambiando y nunca culminara. En resumen, el hombre ama cosas especificas de muchas mujeres.
Con estas dos percepciones podemos explotar la idea que hoy en día nos encontramos en la luchas entre lo que el hombre siente y lo que esperan de el. Es claro que el hombre no busca todo en una mujer, pues seria imposible, en cambio la mujer si y es tanta su creencia que se aferra hasta su muerte.
No es que este mal, pero si algo he aprendido de la gente de mayor edad, al final cuando el amor se va, solo queda la costumbre y paradogicamente uno se va volviendo siendo menos exigente. Pero ninguno de los dos están mal. Es más bien una falta de dialogo y entendimiento entre las dos partes involucradas.
En esencia el hombre tiene que aprender que no pude pasarse la vida cazando recuerdos para acumularlos como trofeos y aprender a ser un egoísta responsable. Por su parte la mujer debe de quemar la película de Disney y perder el miedo de no encontrar al hombre perfecto, con la idea de liberar el amor.
Como hombre, no recuerdo ya muchos de los rostros y hombres de algunas mujeres de mi vida. Puedo decir que fueron varias, tal vez 38 o a lo mejor 40, ya perdido la cuenta. Cada una en diferentes momentos de mi vida. Con cada recuerdo podría formar un collage de la mujer perfecta. Pero todos estos recuerdos son mas que un ideal, pues le dan vida a mi corazón. Tal vez el día de mañana llegue alguien que tome el lugar de ciertos recuerdos, haciendo mas grande mi corazón y bello...

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