jueves, 24 de enero de 2013

La Posesión...


No puedo recordar cuanto y mucho menos guardo cuenta de las veces que me he sentido atraído por una mujer distinta. Tal vez sea el karma del hombre llevar como penitencial el saber que no pude poseer mas que a una sola mujer.


Aunque mi idea nunca a sido tal, si me he encontrado atónito ante la belleza causal de varias mujeres. En un sentido estricto, la posesión es un acto frívolo y desalmado que utiliza como artimaña el engaño, la seducción y el abandono o insatisfacción como armas.

En el tema podremos decir que es percepción colectiva de la sociedad, que la posesión es un acto desalmado y egoísta, en el cual una persona se beneficia y otra es utilizada para saciar la lujuria pecaminosa de un ser mundano.

Aquí me gusta hacer un paréntesis y explorar a forma de experiencia una forma diferente de posesión.

No se preciso el día, pero si recuerdo fragmentos del primer momento en que te conocí. Era una noche de noviembre y tomamos un clase junto. Lo que mas me llamo la atención es que según yo pase desapercibido ante ti. Pero en cambio tu no. 

Recuerdo a detalle tu color y la textura aperlada de tu piel. Creo que nunca podre borrar de mi mente tus ojos color miel y tu cabello lacio color castaño rojizo. Pero lo que mas me conmovió fue que guardabas un simetría casi perfecta para ser una persona de 1,50 o tal vez 1,40 de estatura.

Seria mentiroso si negara que no me imagine tu cuerpo desnudo mas de una vez. Te vi contemplándote a lo lejos, tu recostada en un sofá dorado y ligeramente cubierto por un manto de seda morada. 

Las horas pasaban y los dos inmobiles, observándonos a los ojos fijamente sin mover un musculo y contacto alguno. En fracciones de segundo, recorrían por mi cuerpo el eco sutil de los movimientos imperceptibles de tu palpitar.

Todo terminaba cuando me acercaba a ti y te tomaba del rostro para respirar tu aliento y así beber de tus lagrimas y devorar tus penas.

Paso el tiempo desde esa ultima vez que te vi. Llego consigo el año nuevo y con ello una nueva oportunidad de verte. La diferencia es que esta vez te acompañaba tu esposo. A pesar de eso no pude evitar establecer una vinculo mas haya del silencio.

De esa idea frágil y dulce tuya, me sorprendió tu vitalidad, tu fuerza interior y la tenacidad con que interactuamos en la clase. Ante mis ojos se formo la imagen entre mezclada de dulzura y pasión salvaje.

Con cada minuto que pasaba a tu lado, solo podía pensar en aquel sofá dorado, tu cuerpo desnudo cubierto con una delicada seda y esta vez la pasión se desbordo por nuestros poros para hacer el amor, una y otra vez.

Pero algo cambio, esta vez todo termino cuando por mis parpados brotaron lagrimas y eras tu quien devoraba mis penas y agonías.

Es por esto que considero que al final la posesión es una paradoja, donde el perpetrador oculta su verdadero deseo: ser poseído y liberadas sus panas...

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