Desde hace ya varios años ininterrumpidos, escribo continuamente en mi diario. Normalmente son entradas a capricho, tanto noches tristes como días soleados, donde el impulso de la necesidad impetuosa de plasmar mis ideas en papel, recorren desde mi mente, pasando por mi cuerpo hasta las manos que graban con tinta negra el papel que yace sobre mi escritorio, ubicado en un rincón de mi pequeña habitación.
20 de Septiembre de 1547
Ya son varios años desde que no he recibido respuesta a ninguna carta que te he enviado. Se que muchas de ellas están escritas en varias personalidades y encriptadas de mensajes ocultos. Muchas de ellas muestran las diferentes facetas por las que he pasado a lo largo de mi vida; resignación, ira, tristeza, melancolía, pero a pesar de todo a un existe la esperanza de que algún día el cartero me entregue tu tan ansiada respuesta.
30 de Abril de 1549
Hoy decidí hacer algo diferente. Después de percatarme que mis tantas cartas hablaban de mi sentir por ti, de los reproches que hacia a tu silencio sepulcral, de tu indiferencia hacia mi dolor y de tu desprecio hacia el amor que te he ofrecido mas de mil veces.
Lo que hice fue tomar una hoja de papel en blanco, la doble y la metí en un sobre. Espere que entendieras que ya no tenia mas que escribirte, ya no existía mas reproche y sobre todo ya no deseaba que la respondieras. La firme como siempre y la deposite en la oficina de correos. Cuando regrese a casa, mi corazón apretaba mi pecho y caí rendido a los encantos de mi cama.
Viniste a mi en sueños. Te tome del rostro y contemple largamente tus ojos. Sentí como el tiempo se congelaba y bese sus labios. Poco a poco pude sentir como iba acabando el sueño, como todo a mi alrededor de derrumbaba, como aquel lugar mágico se lo llevaba el viento. En eso vino una ola que se alejo de mi, te tome de la mano, pero no fue suficiente y antes de irte pude ver que me decías algo con tus labios pero no había sonido. Trate de entender pero en ese instante desperté.
10 de Diciembre de 1564
El día de hoy es mi cumpleaños 29. La familia a crecido y se prepara para darme una fiesta sorpresa para celebrar ya mis casi 30 años. Antes de salir a la calle para hacer mi usual recorrido matutino, me tope en la puerta una carta y por un momento mi corazón se detuvo. La recogí con dificultad pues mi mano temblaba y la contemple largo tiempo.
Después de estar sentado a la orilla de la ventana, suspire, cogí la carta y la tire al fuego de la hoguera que la consumió lentamente. Suspire por ultima vez y salí de casa. Con mi andar lento, lo único que podía sentir era la levedad de mi cuerpo y sonriendo entendí que no ya no había mas que escribir, que ya no había mas que explicar, que ya no había mas que entender.
Con las lagrimas en mi rostro tome las cenizas y las sembré en mi huerto. Después de tanto años siempre desee que escribieras en la hoja blanca todo lo que querías decirme y nunca pudiste. Al final lo que hice fue dejar que tu recuerdo se convirtiera en una flor para poder admirarla diario desde mi ventana.
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