Inmóvil ante la belleza del instante, observe como la curiosidad recorría mi cuerpo, para luego crear en mi el deseo de entrar en aquel pequeño lugar. No tarde mucho en ponerme de pie y pedí permiso al casero para poder subir a conocer el lugar.
Una vez que abrí la puerta, subí por una pequeña escalera de madera cubierta por una carpeta roja ya algo pisoteada y viaja por el tiempo. Al llegar al primer nivel encontré una pequeña cama pegada a la pared,en medio colgaba de la pared un espejo y a su lado le acompañaba una minúscula mesa de madera con dos sillas sin mucho adorno.
Para llegar por fin al segundo nivel, subí por una escalera de caracol algo debilitada por el tiempo. Al final de la escalera se encontraba una cama grande, cubierta con unas sabanas que invitaban a cualquier viajero a dormir eternamente en ellas. Pero eso no fue lo que mas me sorprendió, sino la vista de la ciudad que se presentaba ante mis ojos a través de una ventanal que abarcaba una de las cuatro paredes de la habitación.
No pude evitar como el cansancio se apoderaba de mi y decidí recostarme sobre la suave cama para mirar el techo de madera. El frió hacia mas acogedor el escenario y cerré los ojos por un instante. Tan solo fue un parpadeo, pero al abrir los ojos me di cuenta que la noche se había apoderado del día.
De entre la inmensidad de la oscuridad de la noche, me sorprendió una mano suave y cálida que acariciaba mi rostro. Vacile en voltear y solo escuche un susurro en el oído que me decía que cerrara los ojos por un instante.
Cuando los abrí estabas tu encima de mi, observándome con tus ojos atentamente, mientras la respiración me faltaba y mi pulso se aceleraba. por mi mente no pasaba ningún pensamiento y lo único que podía sentir es como el deseo se apoderaba de mi mente.
Te tome entre mis brazos, acariciando lentamente tu cuerpo con mis manos que conocían a la perfección cada centímetro de tu piel. Mis labios tocaron tus mejillas y rondaron tu rostro hasta encontrar tus labios sabor a higo maduro.
Mientras la noche avanzaba, nuestros cuerpos danzaban al son del sedeo y haciendo el amor una y otra vez, no dijimos ni una palabra dejando que nuestras almas hablaran para el encanto de la luna llena.Poco a poco sentí como la ansiedad y la tristeza dejaban de atormentar mi corazón.
Cazado y disfrutando del éxtasis, tome un descanso para mirar las luces de la ciudad y mientras el cigarrillo se agotaba, admiraba tu cuerpo entre las sabanas blancas. Tome un respiro profundo para deleitarme del dulce olor a rosas del lugar y cerré los ojos por un instante.
Cuando abrí los ojos nuevamente y me encontré al pie de la escalera, era de día y yo desconcertado deje salir un suspiro para luego dar la vuelta, salir de la habitación y resignarme a pensar que todo había sido un dulces sueño.
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