miércoles, 24 de octubre de 2012

el Bañero...

No tarde mucho en despertar, pues la dulce luz del ida se filtraba por aquel tragaluz que se encuentra en el techo de la recamara. 

Las sabanas calientes por el calor de mi cuerpo me invitan a quedarme mas tiempo, pero dentro de mi crece la necesidad de salir a recorrer las intrincadas calles que forman parte de ti ciudad.

Sin causar el menor ruido para no despertar a los demás huéspedes  me escabullí en puntitas y sigilosamente recorrí el pasador que asegura la puerta de la habitación.

 Tras abrirme paso por la puerta del baño y cerrarla tras de mi, me aliste rápidamente para tomar el delicioso baño de cada mañana.

Las cuatro paredes blancas, con un piso cerámico rojizo y una pileta labrada en piedra conformar el peculiar escenario que ante mis ojos se deslumbra. Las llaves de la regadera muestran los años de uso continuo y una colorida cerámica adorna el lugar. Giro las llaves y dejo el agua correr esperando a que caliente.

Dejando mi ropa atrás bien acomodada en una silla blanca, contemplo mi cuerpo desnudo en un pequeño espejo que se encuentra sobre el lavabo que apenas se sostiene por gracia divina. Tras unos instantes de contemplación, recuerdo los momentos que pasaba a tu lado contemplando el reflejo de mi rostro a través del espejo de tus ojos pardos como si fuera ayer. No puedo evitar sentir como se encoge mi corazón y rápidamente mojo con agua fría mi rostro.

Una vez que el vapor empieza a empañar el espejo, meto mi mano para checar la temperatura y ajusto al grado que es agradable para los sentidos. Tras recorrer el agua mi cuerpo y relajarlo, siento como la tranquilidad recorre mi cuerpo. 

Cerrando los ojos por unos instantes, sentí tu mano recorrer mi cuerpo, como acariciabas mi amplia espalda y besabas lentamente el camino que lleva del cuello a mis piernas. Luego sentí tu cuerpo junto al mio y como el agua se volvía nuestro cómplice de nuestro instante. Tomaste mi pecho con tus manos y con tu suave vos me susurraste al oído "sigue adelane..."

Con lagrimas en mis ojos, me voltie para ver que tu recuerdo se esfumaba con el aire que fluía de una pequeña ventana en el techo. Rápidamente me aliste, tome un tinto y salí a la calle para empezar un día mas.




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