Lo recuerdo bien, era finales de año y la resaca del año viejo quedaba atrás mientras el frió contundente de Enero me invocaba que aun quedaba mucho antes de la dulce primavera aquí en Budapest. Para no quedarme atrás sin hacer nada y dejar pasar las valiosas horas de sol de invierno, tome la calle por asalto.
Aunque mi paso reflejaba cierta levedad, en mis ojos se podía ver destellos de nostalgia mezclados con tristeza. Sin darme cuenta llegue a orillas del rió Danubio y a mi mente le lleno la tranquilidad con que el agua fluye río abajo y contundentemente nunca vuelve atrás.
Sin haber percatado antes de mi llegada, a mi lado se encontraba una mujer de edad avanzada, pues pude husmear rápidamente con una mirada perdida para no incomodar con mi falta de cortesía. Transcurrió el tiempo y no pude evitar que de mi boca saltaran las siguientes palabras como si tuvieran voluntad propia, "the river is never the same, so calm and strong, never goes back". Sin esperar una respuesta, la señora volteo y me miro con sus ojos grises, para luego decirme que parecía un hombre que había perdido algo y que tenia miedo de seguir adelante. Me quede sin palabras, quise replicar pero de mi no salían palabras. Ella siguió hablando y me dijo que sabia una historia que tal vez me podía ayudar, la cual dice así:
Aunque mi paso reflejaba cierta levedad, en mis ojos se podía ver destellos de nostalgia mezclados con tristeza. Sin darme cuenta llegue a orillas del rió Danubio y a mi mente le lleno la tranquilidad con que el agua fluye río abajo y contundentemente nunca vuelve atrás.
Sin haber percatado antes de mi llegada, a mi lado se encontraba una mujer de edad avanzada, pues pude husmear rápidamente con una mirada perdida para no incomodar con mi falta de cortesía. Transcurrió el tiempo y no pude evitar que de mi boca saltaran las siguientes palabras como si tuvieran voluntad propia, "the river is never the same, so calm and strong, never goes back". Sin esperar una respuesta, la señora volteo y me miro con sus ojos grises, para luego decirme que parecía un hombre que había perdido algo y que tenia miedo de seguir adelante. Me quede sin palabras, quise replicar pero de mi no salían palabras. Ella siguió hablando y me dijo que sabia una historia que tal vez me podía ayudar, la cual dice así:
Hace mucho tiempo, los pobladores de Hungría vinieron de los remotos montes Urales, territorio inhóspito de la siembre dormida Siberia. Estos territorios eran habitados por nativos nómadas llamados Masni. Antes de su éxodo, vivían de la naturaleza, venerando a la tierra y respetando a los animales místicos que habitan en estos montes sagrados.
Cuando era pequeña, mi madre me contaba antes de dormir una historia de aquellos espiritus sagrados que habitan junto con nosotros el mundo cuando este estaba unido en sus tres niveles; cielo, tierra y infierno.
En los bosques vivían el clan de los lobos, espíritus de nobleza, fraternidad y coraje. En las blancas praderas vivían el clan de los conejos, seres de increíble pureza, alegría y compasión. Por ultimo en las montañas habitaban los cuervos, espíritus que representaban la inteligencia, la pasión y la libertad del mundo.
Antes de que la humanidad tuviera recuerdo alguno, nuestro universo dependía de un fino equilibrio místico que era mantenido y renovado cada solsticio de verano. Durante esta celebración, era el único momento en el cual estos espíritus sagrados dejaban su forma animal y ofrecían un ofrenda a cambio de mantener el equilibrio entre todas las cosa vivientes.
Año con año, temporada tras temporada, los viejos espíritus y representantes de cada clan, en el solsticio de invierno, cuando el sol esta mas alejado de la tierra, el consejo delibera y escoge a un representante de cada clan para ofrecerse una ofrenda. Como parte del clan de los lobos se designo a un joven lobo inexperto, para el clan de los conejos a una pura de blanco pelaje y para el clan de los cuervos a un viejo veterano de gran sabiduría. Una vez informado cada uno de los seleccionados sobre su designación, debían de buscar muy dentro de ellos cual seria su ofrenda. La única condición que existía era que no podría conocerse o convivir antes de la ceremonia, por lo que debían de permanecer alejados de todo contacto entre ellos.
Adentrado en el bosque, el joven lobo pasaba su tiempo recorriendo el bosque y gustaba de recorrer la linea que divide su territorio con el de la pradera, donde vivía el clan conejo. Cierto día, en su andar, se detuvo al borde del bosque para contemplar el atardecer. De repente no pudo evitar ver a lo lejos un cuerpo cubierto por un pelaje blanco, su movimiento era ligero, como el fluir del viento y su delicadeza como la blanca nieve que cae en un día de invierno.
El joven loco en un instante pudo sentir como su corazón se agitaba, como su mirada se volvía uno con el movimiento del conejo y casi sentir como corría a su lado como el viento la imaginación. Su nombre era Asor-a y por un por un momento sintió que alguien la miraba al limite del bosque. Sin temor alguno Asor-a se acerco y pregunto el nombre del lobo, quien permanecía en las sombras, salio de ellas y el respondió temerosamente llamarse Hefe-soj, para luego desvanecerse con la noche.
Esta dinámica se repitió durante días, meses, pero era la timidez del lobo que impedía que cruzara los limites de su territorio. A pesar de esto, poco a poco se creaba un lazo entre aquellos espíritus. Compartían tan solo un pequeño instante pero parecía que habían esta juntos toda la eternidad. No era el hecho que supieran todo de ellos, sino que el instante que se veían a los ojos, su alma se entregaba desnuda a la belleza del momento.
Sin darse cuenta, en la lejanía del cielo sin que ellos pudieran percatarse, Rebor-t, el elegido del clan de los cuervos se volvía testigo silencioso de aquella relación indebida. Victima de la inteligencia y segado por la envidia, el cuervo maquino un plan para evitar esta profana relación a fin de mantener el equilibro de todas la cosas conocidas hasta ahora.
Llego el día de la ceremonia. Todo estaba preparado y conforme los miembros de los clanes se reunión al rededor del fuego de los dioses en el árbol de la vida. Una vez todos reunidos, inicio el ritual de ofrenda, donde cada representante de los diversos clanes presento a cada uno de su elegido. El primero en realizar su ofrenda fue el lobo. Este ofreció un ornato hecho de flores salvajes que se encuentran en el bosque. Luego le toco al cuervo, quien ofreció un arreglo de frutas y hojas que solo crecen en lo alto de los arboles. Por ultimo tenia que hacer su ofrenda la coneja, pero antes de que pudiera lanzar su ofrenda al fuego le interrumpió el cuervo la ceremonia y exclamo en contundencia las palabras acusadoras que condenaban la traición cometida por Asor-a.
Rápidamente el miedo invadió a los miembros del clan y para evitar la ira de los dioses estos exigieron en tono contundente el sacrificio de la traidora en el fuego del los dioses. Antes de que pudieran hacer algo, Asor-a huyo del lugar y ante la confusión todos los participantes estos salieron en busca de la traidora.
El lobo que amaba a Asor-a, sabia que encontraría a Asor-a en aquel lugar cerca de la luna donde día con día pasaban las noches juntos. Antes de que cualquier otro llegara, el lobo encontró a Asor-a y le dijo que no temiera, que tenia un plan y le pidió que esperara por el tras la luna que se une con los montes Urales.
Antes de que cualquiera pudiera percatarse de la situación y en medio del alboroto, el lobo regreso con una bolsa ensangrentada donde en vos entre cortada reclamo haber capturado a Asor-a. Para que nadie sospechara del engaño, el lobo se adelanto a tirar la bolsa al fuego y que este la consumiera. Instantes después el lobo cayo desfallecido, pues dentro de la bolsa se encontraba su corazón.
Desde lo alto de las estrellas, los dioses observaban atentamente la situación y al ver aquel sacrificio en nombre de algo puro, decidieron castigar la soberbia de los espíritus del bosque. Así que lanzaron un conjuro que separo los cielos de la tierra y mando al invierno a las entrañas de la misma. Luego cada espíritu fue despojado de su condición y desterrados a la tierra para vivir como seres mortales. Por ultimo cada don fue depositado en una urna de barro de donde nació el hombre.
Oculta tras la luna quedo a salvo Asor-a y a Hefe-soj se le concedió la vida eterna como espíritu para recorrer la tierra en forma humana y llevar consigo su historia de amor y sacrificio. Se dice que este espíritu recuerda con nostalgia el amor por Asor-a y espera pacientemente que el hombre utilice los dos que se le concedieron y vuelva a unir, mediante la bondad y el amor, el cielo con la tierra y así volver a ver a su amada.
No pude evitar sentir la nostalgia recorrer mi cuerpo y antes de que pudiera decir algo, cuando voltie a ver a mi acompañante me percate que ya no estaba. Hoy todavía recuerdo esta historia y la aprecio como uno de mis mayores tesoros....
Cuando era pequeña, mi madre me contaba antes de dormir una historia de aquellos espiritus sagrados que habitan junto con nosotros el mundo cuando este estaba unido en sus tres niveles; cielo, tierra y infierno.
En los bosques vivían el clan de los lobos, espíritus de nobleza, fraternidad y coraje. En las blancas praderas vivían el clan de los conejos, seres de increíble pureza, alegría y compasión. Por ultimo en las montañas habitaban los cuervos, espíritus que representaban la inteligencia, la pasión y la libertad del mundo.
Antes de que la humanidad tuviera recuerdo alguno, nuestro universo dependía de un fino equilibrio místico que era mantenido y renovado cada solsticio de verano. Durante esta celebración, era el único momento en el cual estos espíritus sagrados dejaban su forma animal y ofrecían un ofrenda a cambio de mantener el equilibrio entre todas las cosa vivientes.
Año con año, temporada tras temporada, los viejos espíritus y representantes de cada clan, en el solsticio de invierno, cuando el sol esta mas alejado de la tierra, el consejo delibera y escoge a un representante de cada clan para ofrecerse una ofrenda. Como parte del clan de los lobos se designo a un joven lobo inexperto, para el clan de los conejos a una pura de blanco pelaje y para el clan de los cuervos a un viejo veterano de gran sabiduría. Una vez informado cada uno de los seleccionados sobre su designación, debían de buscar muy dentro de ellos cual seria su ofrenda. La única condición que existía era que no podría conocerse o convivir antes de la ceremonia, por lo que debían de permanecer alejados de todo contacto entre ellos.
Adentrado en el bosque, el joven lobo pasaba su tiempo recorriendo el bosque y gustaba de recorrer la linea que divide su territorio con el de la pradera, donde vivía el clan conejo. Cierto día, en su andar, se detuvo al borde del bosque para contemplar el atardecer. De repente no pudo evitar ver a lo lejos un cuerpo cubierto por un pelaje blanco, su movimiento era ligero, como el fluir del viento y su delicadeza como la blanca nieve que cae en un día de invierno.
El joven loco en un instante pudo sentir como su corazón se agitaba, como su mirada se volvía uno con el movimiento del conejo y casi sentir como corría a su lado como el viento la imaginación. Su nombre era Asor-a y por un por un momento sintió que alguien la miraba al limite del bosque. Sin temor alguno Asor-a se acerco y pregunto el nombre del lobo, quien permanecía en las sombras, salio de ellas y el respondió temerosamente llamarse Hefe-soj, para luego desvanecerse con la noche.
Esta dinámica se repitió durante días, meses, pero era la timidez del lobo que impedía que cruzara los limites de su territorio. A pesar de esto, poco a poco se creaba un lazo entre aquellos espíritus. Compartían tan solo un pequeño instante pero parecía que habían esta juntos toda la eternidad. No era el hecho que supieran todo de ellos, sino que el instante que se veían a los ojos, su alma se entregaba desnuda a la belleza del momento.
Sin darse cuenta, en la lejanía del cielo sin que ellos pudieran percatarse, Rebor-t, el elegido del clan de los cuervos se volvía testigo silencioso de aquella relación indebida. Victima de la inteligencia y segado por la envidia, el cuervo maquino un plan para evitar esta profana relación a fin de mantener el equilibro de todas la cosas conocidas hasta ahora.
Llego el día de la ceremonia. Todo estaba preparado y conforme los miembros de los clanes se reunión al rededor del fuego de los dioses en el árbol de la vida. Una vez todos reunidos, inicio el ritual de ofrenda, donde cada representante de los diversos clanes presento a cada uno de su elegido. El primero en realizar su ofrenda fue el lobo. Este ofreció un ornato hecho de flores salvajes que se encuentran en el bosque. Luego le toco al cuervo, quien ofreció un arreglo de frutas y hojas que solo crecen en lo alto de los arboles. Por ultimo tenia que hacer su ofrenda la coneja, pero antes de que pudiera lanzar su ofrenda al fuego le interrumpió el cuervo la ceremonia y exclamo en contundencia las palabras acusadoras que condenaban la traición cometida por Asor-a.
Rápidamente el miedo invadió a los miembros del clan y para evitar la ira de los dioses estos exigieron en tono contundente el sacrificio de la traidora en el fuego del los dioses. Antes de que pudieran hacer algo, Asor-a huyo del lugar y ante la confusión todos los participantes estos salieron en busca de la traidora.
El lobo que amaba a Asor-a, sabia que encontraría a Asor-a en aquel lugar cerca de la luna donde día con día pasaban las noches juntos. Antes de que cualquier otro llegara, el lobo encontró a Asor-a y le dijo que no temiera, que tenia un plan y le pidió que esperara por el tras la luna que se une con los montes Urales.
Antes de que cualquiera pudiera percatarse de la situación y en medio del alboroto, el lobo regreso con una bolsa ensangrentada donde en vos entre cortada reclamo haber capturado a Asor-a. Para que nadie sospechara del engaño, el lobo se adelanto a tirar la bolsa al fuego y que este la consumiera. Instantes después el lobo cayo desfallecido, pues dentro de la bolsa se encontraba su corazón.
Desde lo alto de las estrellas, los dioses observaban atentamente la situación y al ver aquel sacrificio en nombre de algo puro, decidieron castigar la soberbia de los espíritus del bosque. Así que lanzaron un conjuro que separo los cielos de la tierra y mando al invierno a las entrañas de la misma. Luego cada espíritu fue despojado de su condición y desterrados a la tierra para vivir como seres mortales. Por ultimo cada don fue depositado en una urna de barro de donde nació el hombre.
Oculta tras la luna quedo a salvo Asor-a y a Hefe-soj se le concedió la vida eterna como espíritu para recorrer la tierra en forma humana y llevar consigo su historia de amor y sacrificio. Se dice que este espíritu recuerda con nostalgia el amor por Asor-a y espera pacientemente que el hombre utilice los dos que se le concedieron y vuelva a unir, mediante la bondad y el amor, el cielo con la tierra y así volver a ver a su amada.No pude evitar sentir la nostalgia recorrer mi cuerpo y antes de que pudiera decir algo, cuando voltie a ver a mi acompañante me percate que ya no estaba. Hoy todavía recuerdo esta historia y la aprecio como uno de mis mayores tesoros....
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